Paulo Amaral se detuvo para girar en una calle de Camboriú, Brasil, con su hija en el asiento trasero. Eduardo Santos, que iba detrás, no llegó a frenar a tiempo.

El golpe fue leve, pero pudo terminar en gritos como tantos otros choques. Paulo bajó del auto, revisó primero que su hija estuviera bien, y después caminó hacia Eduardo esperando lo de siempre: una discusión. En cambio, vio a un hombre de 34 años que apenas podía sostenerse. Eduardo cargaba un duelo reciente por la muerte de su padre y una crisis económica que lo tenía al límite. Paulo no lo pensó dos veces: lo abrazó.

Una cámara de seguridad del vecindario grabó la escena y la hija de ese vecino la subió a redes, donde superó las 200.000 reproducciones. Lo que empezó como un choque de tránsito terminó en una amistad real entre los dos: a veces basta con mirar al otro para notar que su día ya venía roto antes de que tú llegaras.

