Chris Birch sintió algo romperse en el cuello mientras daba volteretas por una pendiente de césped.

Era rugbista, bebedor y pesaba unos 120 kilos. Una presión momentánea dañó una arteria carótida, cortó el flujo de sangre al cerebro y desencadenó un ictus. Al principio creyó que solo se había golpeado la cabeza. Le diagnosticaron fiebre glandular, hasta que las pérdidas de memoria, el habla arrastrada y el entumecimiento de manos y brazos lo llevaron a pagar un neurólogo privado. Su cuerpo quedó con una parálisis en el lado izquierdo, visible en un párpado, y desde entonces toma medicación a diario.

Un año después salió del armario y afirmó que el ictus había cambiado su sexualidad. Dejó el trabajo en el banco que ya no soportaba y se mudó a Ystrad Mynach, en Gales. Hoy, según VICE, da clases de peluquería, tiene un negocio de limpieza y vive con su novio Jack y sus cuatro perros, esos animales que antes no le gustaban.

Es su versión. Su pareja cree que siempre fue gay y que el accidente solo lo ayudó a darse cuenta.
