El casuario ya cargaba con la fama de ser el ave más peligrosa del planeta, capaz de herir de gravedad con una sola garra. Lo que nadie sospechaba es que bajo esa apariencia feroz guardaba otro secreto, uno que solo se ve con luz ultravioleta.

Todo empezó por accidente. Cuidadores de un museo usaban luz negra para detectar hongos en ejemplares taxidermizados cuando notaron que el casco óseo del ave se encendía en azul verdoso. Un equipo liderado por Todd L. Green confirmó el fenómeno en 95 casuarios, entre aves vivas y especímenes conservados, y lo publicó en Scientific Reports en febrero de 2026.

Lo más intrigante: cada especie —Casuarius bennetti, C. casuarius y C. unappendiculatus— brilla con un patrón distinto, como una firma de luz propia. Los científicos sospechan que podría ser una forma de reconocerse entre ellas en la penumbra de las selvas de Australia y Nueva Guinea, aunque todavía no hay pruebas de que cumpla esa función en la naturaleza. Llevábamos más de un siglo estudiando a esta ave sin notarlo.

