Koko llevaba seis meses sin reír. La gorila más famosa del mundo, capaz de comunicarse con más de 1.000 señas, había perdido a su cría y desde entonces vivía sumida en un silencio que sus cuidadores no sabían cómo romper.
En 2001, Robin Williams llegó al santuario en California donde vivía Koko y pasó tiempo con ella sin guiones ni cámaras encima: solo gestos, cosquillas y esa empatía desbordante que lo hacía único. En minutos, la gorila comenzó a reír. Sus investigadores dijeron que era la primera vez en meses que la veían así. Williams también salió transformado: confesó que fue uno de los encuentros más significativos de su vida. 🥹
Pero el momento que quedó grabado para siempre fue al final. Koko tomó la mano del actor y la colocó sobre su propia cabeza. En el lenguaje de los gorilas, ese gesto significa: “hazlo otra vez”. Dos seres de mundos distintos, unidos por algo que no necesita traducción. 🦍❤️
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