Un excompañero anónimo que giró con Thirty Seconds to Mars, la banda de Jared Leto, decidió romper el silencio. Su frase quedó grabada: “no hay alma detrás de sus ojos”. No lo dijo como metáfora poética. Lo dijo describiendo lo insoportable que era compartir espacio de trabajo con él, un ambiente tenso donde hasta hablarle se sentía imposible.


La fuente fue más lejos todavía: aseguró que en el círculo cercano a Leto se comentaba desde hace tiempo, casi como secreto a voces, que era “muy problemático con las mujeres”. Esa frase resuena distinto ahora que un reportaje de Air Mail reunió a nueve mujeres, algunas menores de edad cuando lo conocieron, que relatan presunta conducta sexual inapropiada del actor. Laura La Rue, modelo, afirma haberlo conocido en 2008 con apenas 16 años.


El representante de Leto negó expresamente todas las acusaciones. Pero el actor que ganó el Óscar en 2014 por Dallas Buyers Club y que envió ratas, balas reales y un cerdo muerto a su elenco de Suicide Squad para meterse en el papel del Joker, hoy enfrenta algo que ningún método actoral puede maquillar.
