Un tigre parece la criatura menos discreta de la selva. Ese naranja intenso, esas rayas negras, todo grita presencia.
Pero eso solo es cierto para tus ojos. Tú eres tricrómata, como casi todos los primates: tienes tres tipos de conos que distinguen rojo, verde y azul, una ventaja que según los científicos evolucionó para detectar frutas maduras entre las hojas.
Los ciervos y jabalíes no corrieron con esa suerte. Son dicrómatas, les falta el receptor para el rojo y el naranja, así que su cerebro convierte al tigre en un borrón verde oliva, casi idéntico al follaje. Las rayas hacen el resto: rompen su silueta y lo funden con las sombras.

Los mamíferos ni siquiera pueden producir pigmento verde, así que la naturaleza usó el color que sí tenían disponible y que igual funcionaba. Es la misma razón por la que los cazadores usan chalecos naranja: para ti brillan a kilómetros, para un ciervo son un arbusto más.
