
Entre miles de pingüinos de vientre blanco y cuello dorado, uno parecía vestido de luto.
Yves Adams, fotógrafo de vida salvaje oriundo de Bélgica, lo vio en St Andrews Bay, en la isla Georgia del Sur, en pleno Atlántico Sur. Un colega le había avisado de que había un ave extraña en la colonia. Cuando por fin la tuvo delante, entendió por qué: donde cualquier pingüino rey luce un vientre blanco y plumas amarillas en el cuello, este era negro de pies a cabeza.

La explicación tiene nombre: melanismo. Es una alteración de la pigmentación asociada a una producción excesiva de melanina, el pigmento responsable de la coloración oscura. Según IFLScience, el melanismo parcial en pingüinos podría darse en 1 de cada 250.000 individuos, y una versión completamente negra sería todavía más rara. El ornitólogo Allan Baker, de la Universidad de Toronto, ha explicado que las aves melánicas suelen conservar al menos algunas manchas blancas.

De cerca, contó Adams, el negro tiene un brillo verde metálico en el cuello y el vientre. Y lo más llamativo: el resto de la colonia lo aceptó con total normalidad, sin rechazo y sin diferencias de tamaño.
Es el segundo pingüino fuera de lo común que cruza el lente de Adams: ya había fotografiado uno amarillo. Para él, haber visto uno negro fue como encontrar un fantasma con plumas.
