Kevin Behrens, 33 años, delantero del VfL Wolfsburg, estaba en una firma benéfica de septiembre de 2024 cuando alguien le acercó una camiseta con los colores del arcoíris. Se negó a firmarla. Y según el diario alemán Bild, no se quedó ahí: soltó una frase homófoba que terminó costándole caro.

El club no lo dejó pasar. Lo suspendió, aunque no precisó por cuánto tiempo, y su director deportivo, Sebastian Schindzielorz, fue tajante: “la homofobia no tiene lugar” en Wolfsburgo. La camiseta arcoíris lleva cinco años siendo símbolo del apoyo del club a la diversidad.

Behrens terminó firmando la camiseta esa misma noche y después pidió disculpas públicas, diciendo que su reacción fue espontánea y que no representaba hostilidad hacia nadie. Pero la pregunta sigue ahí, dividiendo hinchas: ¿hasta dónde llegan las convicciones personales de un jugador antes de chocar con lo que su camiseta representa?

