Nadie le enseñó a poner esa cara. Este gato de Indonesia amaneció un día con dos cejas perfectamente delineadas y un bigotito simétrico justo debajo de la nariz, como si un maquillador hubiera pasado por su pelaje mientras dormía.

La explicación es puro azar: la distribución del pigmento negro se acomodó de una forma tan exacta que dibujó esas líneas expresivas sobre sus ojos. El resultado es una expresión de preocupación eterna, como si cargara con todos los problemas del mundo sobre esos bigotes.

Las fotos se multiplicaron por millones en redes sociales, y no es difícil entender por qué: hay algo profundamente gracioso en un animal que parece estar juzgándote en silencio todo el tiempo, sin haber movido un solo músculo. La genética, a veces, tiene mejor sentido del humor que nosotros.

