Harto de comprar alimento que sus gallinas simplemente ignoraban, un granjero tomó una decisión que pocas personas considerarían: llevar a una de ellas directamente a la tienda para que eligiera el maíz con sus propias… preferencias. 🐔

Y así fue. El hombre entró al local con su gallina en brazos y la fue acercando a los distintos costales para que olfateara y picoteara hasta encontrar el que le gustaba. La escena, filmada por alguien en el lugar, se volvió viral de inmediato.

Lo curioso es que la estrategia funcionó: la gallina mostró interés claro por uno de los granos y el granjero compró ese. Porque al final, si el cliente es exigente, hay que escucharlo — aunque tenga plumas. 🌽
