Néstor Araujo, de Arenaza (Lincoln, Argentina), llevaba décadas postergando un sueño: saltar en paracaídas. Durante años tuvo claro que lo haría al cumplir los 90. Pero a los 89 entendió que no quería seguir esperando.


Lo hizo en el Aeroclub Vedia, sentado en el borde del avión junto a su instructor, a miles de metros de altura. Dice que casi no advirtió el instante en que se lanzaron. Después vino una sensación que le costó explicar: “Sentí una calma difícil de explicar”. Durante la caída libre sintió que flotaba, y el aterrizaje fue tan suave que apenas lo notó. Saltó con una vieja camiseta número 9 del Club Deportivo y Social Arenaza.


El momento que más lo emocionó llegó ya en tierra. Todavía tendido junto a su instructor, vio a su hijo Hernán, quien había organizado todo, caminar hacia él para abrazarlo. “Cuando uno ha recorrido mucho tiempo, tiene que vivir el presente, porque el futuro está muy cerca”, resumió Néstor. Y ya piensa en repetirlo.
