Eran las 3:50 de la madrugada del 15 de noviembre de 2025 cuando John Brandt, de 55 años, sintió que el pecho se le cerraba mientras conducía su Tesla Model Y por la Interestatal 20, entre Atlanta y Birmingham. El sistema de conducción autónoma llevaba el auto en piloto automático, pero él ya no podía mantenerse consciente ni tomar el control.

Alcanzó a llamar a su hijo Jack, quien desde su propio Tesla en otro estado entró a la aplicación, buscó “hospital” y cambió el destino del vehículo de su padre en segundos. El auto giró solo hacia el Tanner Medical Center en Carrollton, Georgia, mientras Jack llamaba para avisar que un paciente crítico venía en camino. John, luchando por no perder el conocimiento, incluso activó el modo de velocidad máxima del auto para llegar antes.

En el hospital lo esperaba un equipo ya alertado. Los médicos diagnosticaron un infarto masivo tipo STEMI con tres arterias bloqueadas y fueron claros. Si se hubiera detenido a esperar una ambulancia, no habría sobrevivido. Tesla celebró el desenlace, pero advirtió a sus clientes que no confíen en repetir esta maniobra.

