José Maria de Miranda no volvió a sentirse en casa desde que pisó el aeropuerto de Recife.
Tiene 53 años, es camionero brasileño y viajó desde São Paulo con una maleta y una ilusión: empezar una nueva vida en Olinda, en Pernambuco, junto a una mujer de 26 años con quien llevaba unos siete meses hablando. Según contó, durante ese tiempo ella lo convenció de enviarle dinero y de vender sus pertenencias para poder vivir juntos. Pero al llegar, nadie lo esperaba. Más tarde recibió un mensaje de alguien que decía ser familiar de ella y le informó que había sufrido un accidente. José no pudo confirmar nada.

Sin dinero para pagar un alojamiento, comer o volver a casa, pasó seis días en el aeropuerto, durmiendo sentado, con los trabajadores del lugar ayudándolo a comer. En ese tiempo se cayó en el baño y necesitó atención médica. Meses antes había sufrido un accidente cerebrovascular que afectó su movilidad y su capacidad para trabajar.

Entonces apareció Cilene Maria da Silva, de 62 años. Se enteró de su historia y le ofreció alojamiento en su casa. José sospecha que fue víctima de una estafa sentimental, aunque nadie lo ha confirmado de forma independiente. Lo que sí es cierto es que, en medio del abandono, una desconocida decidió abrirle la puerta.
