Albert Bailey tenía un plan, y era avisar. Era una tarde de martes en una sucursal de People’s Bank, en Fairfield, Connecticut. Sonó el teléfono: alguien exigía 100.000 dólares en billetes grandes y amenazaba con un “baño de sangre” si no los tenían listos. Lo que ese hombre no calculó es que le estaba dando a la empleada todo el tiempo del mundo. Colgó y marcó el 911 de inmediato.

Mientras ella hablaba con la policía, su cómplice ya estaba adentro, en la fila, con una nota para la cajera. Pero el banco había activado el cierre de seguridad y las patrullas ya rodeaban el lugar. Según la policía, el sospechoso se llevó unos 900 dólares, y con toda cortesía pidió que le dejaran salir. Afuera lo esperaba un agente que le ordenó detenerse. Intentó correr hacia el auto donde aguardaba el otro hombre, un menor de edad, y los dos terminaron arrestados sin incidentes.

El detective Michael Gagner contó que jamás había visto a alguien llamar antes para decir “consigan el dinero, vamos para allá”. En la comisaría se rieron con el detalle. Bailey, de 27 años y vecino de Bridgeport, estaba en libertad condicional por otro asalto bancario de hace unos años. Ahora enfrentan cargos de robo y amenazas en primer grado. Este caso es de 2010, y todavía nadie ha superado ese método.

