Dale Pearce no estaba listo para despedirse de Neren.
Este desarrollador de videojuegos de Melbourne rescató a la kelpie australiana cuando ella tenía dos años, y durante casi una década fueron inseparables: tardes frente al televisor, cafeterías compartidas, viajes y mucho amor. Hasta que llegó el peor de los diagnósticos: cáncer terminal.


En lugar de rendirse, Dale tomó una decisión extrema. Gastó casi 40.000 dólares, según People, entre viaje y servicios, y cruzó medio planeta hasta el Cryonics Institute de Michigan. Antes de eso, organizó una despedida de dos semanas que los llevó por Australia, Hawái y San Francisco. Neren fue sacrificada en una clínica veterinaria cercana al instituto para que su cuerpo pudiera ser preservado lo antes posible, a unos -196 grados.
Tristemente la criopreservación no cuenta con ninguna evidencia de que la reanimación sea posible, y el propio instituto admite que nadie ha sido revivido tras una congelación criónica. Dale lo sabe. Aun así sostiene que vale la pena si existe una mínima posibilidad de volver a verla. ¿Locura o amor llevado hasta el límite?


