Un hombre de 49 años cargó durante 30 años con una hinchazón crónica en ambas piernas y jamás pisó un consultorio médico.

Lo que empezó como linfedema, una acumulación de líquido bajo la piel bastante común y tratable, avanzó sin freno hasta convertirse en elefantiasis nostras verrucosa: la piel se endureció, se llenó de verrugas y engrosó hasta adquirir una textura que recuerda a la de un elefante. El daño, a esas alturas, ya no tenía vuelta atrás.

Entre sus complicaciones hubo múltiples infecciones que lo obligaron a ser hospitalizado una y otra vez. Aun así, cuando los médicos le propusieron cirugía, se negó. Su caso quedó documentado como un raro recordatorio de hasta dónde puede llegar una enfermedad de piel simple cuando nadie la atiende a tiempo.

