
Andrew Dewar tuvo un ictus en 2007. Desde entonces apenas sale de su casa en Dundee, Escocia, y jamás tocó una computadora ni abrió una cuenta de banca online. Su hijo Stephan, de 31 años, sabía exactamente eso.
Todo empezó con un préstamo de US$6.794 (£5.000) que Stephan pidió para comprar un pub. Pero en vez de devolver el favor, se hizo pasar por su propio padre frente al banco, creó accesos digitales a su nombre y durante casi tres años se sirvió de esa cuenta como si fuera un cajero personal. La cifra final: US$67.935 (£50.000). ¿En qué se fue tanto dinero? Rollitos de salchicha de Greggs, suscripciones a OnlyFans, salidas, apuestas y transporte, según mostraron los registros bancarios ante el tribunal.

El sheriff George Way fue tajante: no había adicción al juego ni amenazas de por medio que explicaran el fraude, solo la decisión fría de vaciar los ahorros de un hombre que ni siquiera podía revisarlos. Stephan ni siquiera se presentó al primer día del juicio. Ahora fue condenado a 24 meses de cárcel.
