Un hombre de edad avanzada llegó al Great Western Hospital de Swindon, en Reino Unido, con algo que no cuadraba: una hernia inguinoescrotal izquierda enorme, dolorosa al tacto, y vómitos que no cesaban.

Los médicos sospecharon lo habitual, intestino o tejido graso atrapado en el canal inguinal. Pero la tomografía mostró otra cosa: el estómago del paciente se había deslizado fuera de su lugar y quedado encajado dentro de la hernia, con signos de que la sangre ya no le llegaba bien. Es una condición tan rara que la literatura médica solo registra 21 casos documentados en el mundo entre 1942 y 2020.

Los cirujanos Charlotte Kennedy, Ashuvini Mahendran y Md Abu Kamal Nahid operaron de urgencia: abrieron el abdomen para revisar si el tejido estaba muriendo y luego fijaron el estómago en su posición mediante una gastropexia. El hombre se recuperó sin complicaciones y volvió a casa con controles ambulatorios, como un recordatorio de que incluso los órganos más protegidos del cuerpo pueden terminar en lugares imposibles.

