Keith Foster, de 66 años, dueño de un negocio de camas solares en Croxteth, Merseyside, fue grabado por cámaras ocultas orinando en tazas y botellas de las que después bebía su esposa. Ella tenía cáncer de mama en fase cuatro y estaba en quimioterapia desde noviembre de 2023.

Todo empezó cuando la mujer encontró una botella de agua con algo extraño que le provocó náuseas. Su hija instaló una cámara en su habitación, y la madre puso otras en su propio cuarto, el salón y la cocina. Las imágenes lo mostraron orinando en la vajilla de la cocina y llenando botellas con un líquido amarillo. El fiscal David Polglase fue claro: ‘Es evidente que no sabe, o no le importa, que lo están grabando’.

Entre enero de 2024 y enero de 2025, además, la sometió a comentarios degradantes, la dejó fuera de casa, la intimidó físicamente y amenazó con dañar a sus padres ancianos. Ante el tribunal se dijo que ‘perdió el rumbo’ tras refugiarse en el alcohol y las drogas, y que se habría enfurecido porque ella incluyó a sus hijos en el testamento. Admitió control coercitivo y dos cargos de administrar una sustancia nociva con intención de dañar. El juez le dijo que debería estar ‘profundamente avergonzado’. Pero la condena fue de tres años de prisión suspendidos por 18 meses, libertad vigilada y un programa de rehabilitación. Deberá pagar 1.500 libras en costas, a razón de 400 al mes. Antes de salir de la sala respondió: ‘Gracias, juez’.

¿Es esto justicia para una mujer que bebía veneno en su propia casa mientras luchaba contra el cáncer?
