Se lo tatuó pensando que sería para siempre.
El brazo de este hombre guardaba el retrato de su esposa, ese tipo de tatuaje que solo te haces cuando estás seguro de que el amor no se va a acabar nunca. Spoiler: se acabó.
Ella pidió el divorcio y él quedó con la evidencia grabada en la piel, mirándolo cada vez que se ponía una camiseta.
Pudo borrarlo con láser. Pudo taparlo con una flor o una calavera cualquiera, como hace todo el mundo. Pero no.
Este hombre decidió que su exmujer merecía una transformación más poética: convirtió su rostro en un demonio japonés, con cuernos, colmillos y esa expresión que ya no dice “te amo” sino “corre”.
La foto del cover-up se volvió viral y ya superó los 5 millones de vistas. Y ahora la pregunta que ronda internet no es si fue de mal gusto, sino si su ex sabe que ahora tiene su cara pegada a un demonio para siempre.

