Juan tenía apenas 6 meses cuando sus padres, misioneros suecos, llegaron a Cochabamba y contrataron a Ana Jiménez para que lo cuidara.

Ana tenía 31 años entonces. Lo cargó, lo crió, le cantó en las tardes bolivianas durante los seis años que la familia vivió allí, hasta que un día Juan se fue con sus padres a España y esa despedida quedó suspendida en el tiempo, sin fecha de regreso.
Pasaron 45 años. Juan, ya convertido en pastor y radicado en Fuengirola, nunca dejó de preguntarse qué había sido de la mujer que lo tuvo en brazos de bebé. Lanzó una búsqueda que llamó ‘Encontrando a Ana’, armó una campaña para ayudarla económicamente, y cuando por fin dio con ella en Yacuiba, viajó hasta Bolivia para decirle en persona lo que llevaba décadas guardando: gracias. El reencuentro quedó grabado, y en el video se nota que ninguno de los dos había olvidado al otro.
