Le Van no podía soltarla.
En 2003, su esposa murió de forma repentina. Se habían casado en 1975, en un matrimonio arreglado por sus padres, y habían criado a siete hijos. Él estaba trabajando lejos cuando le llegó la noticia y apenas alcanzó a ver su rostro unos minutos antes del entierro.

Desde entonces empezó a dormir sobre su tumba, en la provincia vietnamita de Quang Nam. Meses después, preocupado por la lluvia, el viento y el frío, cavó un túnel hasta la sepultura para quedarse a su lado. Sus hijos lo descubrieron y le prohibieron volver al cementerio. Entonces, una noche de noviembre de 2004, desenterró los restos y se los llevó a casa.
Según Oddity Central, fabricó una estatua hueca con yeso, cemento, pegamento y arena, metió los huesos dentro y la colocó en su cama. Los hijos se enfurecieron y le exigieron devolverlos al cementerio; él se negó. Algunos vecinos incluso avisaron a las autoridades.

VietNamNet contó que, años después, seguía durmiendo con ella. Le Van explicó que era una forma de “entrenarse” para volver a su encarnación anterior. ¿Es amor, duelo sin cerrar o una obsesión que nadie logró detener?
