
En Marina, California, hay una estantería de madera junto al camino a la playa. No tiene libros: tiene palos.
El Sanctuary Beach Resort la llamó “dog stick library” y funciona como esas bibliotecas gratuitas de barrio, pero para perros. Cada huésped de cuatro patas se acerca, huele, elige el palo que más le gusta y se lo lleva a la orilla para jugar con su familia. La idea era que después lo devolvieran, como un préstamo entre vecinos.


Pero Sylvain Briens, gerente general del resort, contó la verdad: los perros son excelentes tomando prestado y pésimos devolviendo. Casi ninguno regresa con el mismo palo, así que son los propios empleados quienes reponen la estantería a mano, palo por palo, para que el próximo perro en llegar también tenga su tesoro esperándolo 🐶
