Más de 115.000 hectáreas quemadas. 220.000 personas evacuadas en Gironda. Casi 200 edificios destruidos cerca de Biscarrosse, en Landas. El propio presidente Emmanuel Macron calificó esta temporada de incendios como la más grave que vive Francia desde la Segunda Guerra Mundial.
El fuego avanzó entre el 23 y el 28 de julio de 2026 sin respetar nada a su paso: bosques, casas, pueblos enteros. Pero en medio de ese paisaje calcinado, una cruz de Cristo quedó en pie. Intacta. Sin una sola marca del fuego que consumió todo a su alrededor.
Las autoridades francesas, entre ellas la prefecta de Gironda, Sophie Brocas, siguen monitoreando un incendio que a finales de julio todavía se mostraba impredecible. Y ahí, entre las cenizas, esa cruz se volvió el detalle que nadie logra dejar de mirar.
