El fuego llegó a Saumos, en el departamento francés de Gironda, el 22 de julio, y no dejó casi nada en pie. Fue parte de los incendios más devastadores que ha registrado la región en cincuenta años: más de 40 mil hectáreas reducidas a ceniza, miles de personas evacuadas de sus casas en plena noche.
Pero hay una imagen que el fuego no pudo tocar. Una estatua de piedra de Cristo permaneció de pie, con el rostro intacto, mientras la cruz de madera que la sostenía se quemó por completo detrás de ella. El fotógrafo Fabien Cottereau documentó la escena y la fotografía terminó dando la vuelta al mundo.
Hoy, mientras 84 mil personas empiezan a regresar a sus hogares en Gironda y el fuego sigue avanzando en Portugal y Grecia, esa imagen se volvió un punto de referencia para quienes buscan explicar lo inexplicable: por qué algunas cosas resisten cuando todo lo demás desaparece.
