Adam James ahorró todo un año para ir solo a su primer festival.

Tenía 23 años y autismo, y sabía que la parte más difícil no sería la música: sería no conocer a nadie entre miles de personas en Boomtown Fair, en Hampshire, Inglaterra. Para romper el hielo hizo lo único que se le ocurrió: le pidió prestado un mazo a un grupo de jóvenes de Bristol para ayudarles a montar su carpa. Ciaran Herniman y sus amigos notaron que Adam estaba solo y no lo dejaron ir. Lo invitaron a quedarse con ellos el resto del fin de semana, y en algún momento entre risas y carpas descubrieron algo más: Adam soñaba con ser DJ de Drum and Bass.

Se lo dieron. Le prestaron el equipo y lo dejaron pinchar frente al grupo que apenas horas antes eran completos desconocidos. Su padre, Andy James, terminó agradeciendo públicamente a esos jóvenes por cuidar e incluir a su hijo, y la historia se volvió tan viral que los organizadores del festival le ofrecieron a Adam un set propio para el próximo año.

