Lamine Yamal puso una cifra enorme a la diferencia que, según él, existe entre sus malos rendimientos y los de otros futbolistas. En una reflexión para The Guardian, dijo: “Un mal partido mío equivale a 400 malos partidos de cualquier otra persona. Tengo un partido de 9/10 y la gente dirá que fue un 7”.

En esa comparación, el jugador contrapone dos formas de medir sus actuaciones: un partido que considera de nueve sobre diez puede quedarse, a ojos de la gente, en un siete; un mal rendimiento suyo, en cambio, lo equipara con cientos de malos partidos ajenos. Su comentario pone el foco en la vara con que, según su propia mirada, se juzga cada una de sus presentaciones.

