El minuto 26 del amistoso Hungría-Kazajistán del 9 de junio de 2026 quedó grabado en video: una spidercam suspendida a más de 20 metros de altura se desplomó sobre el césped del Estadio Nagyerdei de Debrecen, a apenas dos metros de un camarógrafo que trabajaba junto a la línea lateral. Según medios húngaros, un incendio dañó el cable que sostenía el equipo antes de que cayera.

Hay quienes dicen que el incidente no merece mayor escándalo: no hubo heridos, el árbitro Pavle Ilic detuvo el juego, el partido se reanudó y Hungría ganó 3-1. “Un susto y nada más”, argumentan. Pero otros señalan que dos metros son la diferencia entre un titular de deportes y una tragedia real, y exigen saber quién autorizó el funcionamiento de ese equipo y por qué nadie ha explicado aún el origen exacto del fallo técnico.

¿Es suficiente que no haya habido víctimas, o el sistema de seguridad falló de una forma que no puede ignorarse?

