Seis meses. Ese fue el tiempo que un niño de 11 años de la provincia de Hebei, en China, dejó pasar los antojos para juntar, billete a billete, el dinero que le daban cada semana. Según el relato que circuló, esas monedas y billetes de un yuan, que equivalen a unos 14 centavos de dólar cada uno, eran la comida y las golosinas que dejó de comprarse.
Cuando por fin reunió unos 200 yuanes, cerca de 28 dólares, entró a una zapatería con el fajo en la mano. No buscaba nada para él. Había notado que los zapatos que su mamá usaba para ir al trabajo estaban viejos y desgastados, y quería regalarle unos nuevos por su cumpleaños.


La dueña del local escuchó para quién eran y cuánto le había costado reunir ese dinero. Le hizo descuentos especiales: las zapatillas blancas terminaron costándole poco más de 100 yuanes. Le sugirió guardar el resto de sus ahorros y le dijo que su mamá podía cambiarlas si no le gustaban.
La comerciante grabó el momento porque quería mostrárselo a su propia hija. El video llegó a millones de personas, según el medio South China Morning Post. Cuando le preguntaron a la madre cómo había criado a un hijo así, respondió que nunca se lo enseñó con palabras: lo aprendió viendo cómo la familia cuidaba a los mayores en casa.


A veces el mejor regalo no es el más caro, sino el que alguien prepara en silencio, pensando solo en la felicidad de otra persona.
