Siwan Tamang tiene apenas dos años y medio.
El 18 de agosto, en Bhagar, un caserío dentro de Gaindakot, Nepal, su abuela Hema Kumari Ale salió antes del amanecer hacia el Bosque Comunitario Shankhadevi a recolectar hongos, como hacía casi cada mañana. El niño la siguió sin que nadie lo notara. Cuando Hema Kumari volvió a casa, el pequeño ya no estaba en ningún lugar cercano.

La alarma se disparó de inmediato en toda la comunidad. Vecinos, la Oficina de Policía del Área de Gaindakot y de Rajahar, y el puesto policial de Beldiya se sumaron a una búsqueda que se extendería casi 50 horas, día y noche, dentro de un bosque tan espeso que borra los caminos y confunde hasta a los adultos. Cada hora que pasaba sin noticias era una hora más de exposición al frío, la deshidratación y la fauna del lugar para un niño que aún no sabe atarse los zapatos.
Fue recién dos días después cuando los equipos de rescate lo hallaron con vida en la misma zona boscosa, agotado pero ileso. Para su familia, que había pasado 50 horas imaginando lo peor, fue el final que ya casi no esperaban.
