
En 2017, Shon Griffin tenía 5 años y visitaba con frecuencia a sus tías Kris Papiernik y Kia Griffin, que llevaban años rescatando y cuidando gatos callejeros en Filadelfia. Pero Shon no iba a verlas con juguetes: llegaba vestido de superhéroe.
Las dos mujeres cuidaban una colonia de gatos callejeros a la que llamaban Kolony Kats. Entre ellos estaba Bug, un gato especialmente desconfiado que llevaba dos años evitando cualquier contacto con los humanos. No habían conseguido atraparlo para vacunarlo y esterilizarlo.
Hasta que Shon intervino.

Sus tías se habían dado cuenta de que el niño tenía una facilidad especial para acercarse a los gatos, así que decidieron dejarlo ayudar. Bug se acercó inmediatamente a Shon, se frotó contra sus piernas y, por primera vez, permitió que alguien lo acariciara.
A partir de ese momento, Shon se convirtió en “Catman”. Visitaba regularmente a sus tías y a la colonia vestido con sus disfraces de superhéroe, mientras ayudaba a alimentar y cuidar a los gatos. Para Shon, no se trataba solo de jugar a disfrazarse: él sentía que al ayudar a los gatos estaba haciendo algo propio de un superhéroe. Por eso se ponía su disfraz antes de salir a cuidar de ellos, convencido de que también podía ser un héroe para aquellos animales que necesitaban ayuda.


Lo más sorprendente era que incluso los animales más desconfiados parecían sentirse cómodos con él. “Es increíble ver a estos gatos que no nos dejaban ni tocarlos y que, en cambio, se acercan a él inmediatamente”, contó Kris. “Debe tener algún tipo de efecto mágico sobre los gatos”.
