
Cross Flagg tenía apenas 5 años cuando salió de su cuarto una noche, después de rezar con sus papás, y anunció algo que nadie esperaba: quería una fiesta de cumpleaños temática de Jesús.


Su mamá, Jaclyn Flagg, recuerda que se miraron con su esposo y pensaron “¿eso se puede hacer?”. Pero Cross ya lo tenía todo decidido. No quiso recibir regalos — prefirió dárselos a sus amigos. Cada niño invitado se fue con una Biblia infantil igual a la que él lee cada noche, hojas para colorear, plastilina y una pulsera de Jesús. A los adultos les entregó algo distinto: pulseras de cuentas de colores que él llamó “de salvación”, sin ninguna palabra escrita.

Varios invitados se emocionaron hasta las lágrimas ese día, y meses después siguen usando la pulsera. Jaclyn dice que se la dejan puesta como recordatorio de tener “fe de niño”. Nadie en la fiesta se sorprendió, porque Cross ya era conocido por invitar a sus amigos y hasta a sus propios padres a escuchar música cristiana y leer la Biblia juntos.
