Lo que parecía una simple confusión terminó mostrando una realidad mucho más dura: en su casa, enterarse de una suspensión puede depender de que algún vecino tenga teléfono.
El niño vive en Tres Esquinas, en la provincia argentina de San Juan, junto a su mamá y sus hermanos. Esa mañana se levantaron como cualquier otro día, se prepararon y caminaron hasta la Escuela Carlos Doncel, donde él además de estudiar recibe el almuerzo.
El problema es que el Ministerio de Educación había suspendido las clases en toda la provincia por el viento Zonda. Su mamá nunca recibió el aviso porque no tiene celular ni otro dispositivo que le permita seguir las comunicaciones escolares con rapidez.

Recién al llegar encontraron la escuela vacía, sin alumnos, sin vehículos y con las puertas cerradas. Él tuvo que regresar a casa caminando entre el viento y el polvo, y fue en ese trayecto cuando alguien lo fotografió sin que supiera que, horas después, su historia recorrería las redes.
Su mamá contó que no era la primera vez que algo así ocurría. En otras ocasiones también llegaron hasta la escuela sin saber que había cambios de horario o actividades suspendidas. En su zona, muchas veces las novedades llegan por un familiar, un vecino o alguien que sí tenga teléfono.
Adriana mantiene sola a sus tres hijos y trabaja de manera temporal en fincas cuando aparece alguna oportunidad. En casa tienen un celular viejo que funciona con dificultad y ella procura usarlo lo menos posible para conservarlo por si necesita comunicarse con una hija que vive lejos.

Mientras miles comentaban la escena en redes, él ni siquiera sabía que se había vuelto viral. Para él solo había sido un día en que caminó hasta la escuela y tuvo que volver porque nadie pudo avisarle a tiempo.
