Wyatt Erber tenía 8 años cuando decidió algo que ni siquiera necesitaba pensar dos veces.
En Edwardsville, Illinois, se anotó en una búsqueda del tesoro organizada por un banco local en septiembre de 2012. Recorrió la ciudad con su mamá, juntó las 20 pistas del juego y fue el primer equipo en resolverlo. El premio: 1.000 dólares. Pero Wyatt ya había decidido antes de empezar que, si ganaba, ese dinero no sería suyo. Su vecina Cara Kielty, de apenas 2 años, acababa de ser diagnosticada con leucemia, y él quería ayudar.

Llamó a la familia de Cara en cuanto confirmó la victoria. La mamá de la niña intentó rechazar el dinero, hasta que Wyatt preguntó cuánta quimioterapia podía comprarse con eso. Esa frase lo cambió todo: una organización local igualó el monto, y un hombre desde Canadá envió otros 100 dólares. Un niño de 8 años entendió el dolor ajeno mejor que muchos adultos.
