Un niño de 8 años se hizo amigo de los adultos mayores de su pueblo, y desde ahí nunca dejó de ayudarlos. Hoy lo apodan “El Ángel del Norte”

Por Javiera Müller
5 October, 2026

Empezó con un abuelo y una taza de café.

Su abuelo Josefito necesitaba ayuda para bañarse, vestirse y comer. Él lo atendió todos los días durante un año y medio, hasta que él se fue a descansar. Era apenas un niño.

A los siete años ya era responsable de 20 personas mayores. Las visitaba cada día a las 5:00 de la mañana. Les llevaba un café que su mamá le preparaba. Les hablaba, los hacía reír y, con cada visita, crecía en él el deseo de hacer algo mejor por cada uno.

Todos conocían al niño que madrugaba. Pocos imaginaban que ahí empezaba algo mucho más grande.

Empezó a tocar puertas y corazones. Con un grupo de amigos formó un equipo al que llamaron Los Ángeles Custodios. Y las manos generosas empezaron a multiplicarse.

La ciudad lo fue conociendo. El periodista Euclides Ardila, de Vanguardia Liberal, lo entrevistó y tituló su columna con un nombre que ya no lo dejó: “El Ángel del Norte”. Después llegaron otras entrevistas. Hasta un periodista francés, Tony Comití, quiso comprobar con sus propios ojos si lo publicado era cierto.

Hoy, 41 años después, él ve su obra hecha realidad. Dice que es un sueño que disfruta y una tarea que no ha terminado. Su fundación, bautizada con su nombre, continúa la labor que él ha construido durante tiempo y que espera nunca termine.

“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

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