Un sábado de mayo, en Henderson, Texas, un niño de 11 años tomó el teléfono y marcó el 911. Su voz temblaba mientras explicaba que su madre pensaba que él era ‘el diablo’ y que estaba quemando a los dos perros de la familia frente a la casa.
Cuando los agentes llegaron, encontraron a Veronica Loredo, de 32 años, dentro de un vehículo junto a sus cuatro hijos, de entre 1 y 11 años. Ella bajó la ventanilla gritando que alguien intentaba matarla. Sudaba, respiraba con dificultad y, según el documento judicial, terminó admitiendo que había matado a las mascotas delante de sus propios hijos antes de encerrarlos en el auto.

La policía halló los restos en una fogata todavía encendida. Loredo enfrenta ahora cargos por crueldad animal y por poner en peligro a menores, con una fianza de 400.000 dólares. Mientras Servicios de Protección al Menor investiga el caso, una pregunta queda flotando: ¿cuánto más habría pasado si ese niño no hubiera llamado a tiempo?
