El niño llora. Busca entre las piernas de los adultos, entre los globos, entre las voces que no son la suya.
En medio de la fiesta hay un Spider-Man cargando niños, sacándose fotos, cumpliendo su papel de héroe de disfraz alquilado. Pero este pequeño no quiere fotos ni trepamuros: quiere a su mamá. Y por un momento, mientras alguien lo alza para calmarlo, no tiene idea de que los brazos que lo sostienen son exactamente los que estaba buscando.
La mujer se quita la máscara despacio. Debajo no hay ningún superhéroe de Marvel, hay ella: su madre, con el traje rojo y azul empapado de calor, sonriendo. El llanto del niño se corta de golpe y lo que sigue es un abrazo que aprieta fuerte, como quien no quiere volver a perderse. La escena, grabada en una fiesta infantil en México, se volvió viral porque recordó algo simple: ningún disfraz esconde a una madre de su hijo.

