A Josie no le preocupaba el vestido ni la fiesta: lo que le rompía el corazón era pensar que algún día caminaría hacia el altar sin su papá 🥹
Jim Zetz tenía 62 años y enfrentaba un cáncer de páncreas terminal cuando su esposa contó aquel temor a la fotógrafa Lindsey Villatoro. La niña tenía entonces 10 años y sabía que probablemente su padre no estaría presente cuando algún día decidiera casarse.

Lindsey quiso regalarles ese momento mientras todavía podían vivirlo. En apenas 72 horas consiguió donaciones para organizar una ceremonia simbólica en California, coincidiendo con el cumpleaños número 11 de Josie. Hubo vestido, flores, torta, invitados y un pastor, pero ningún novio: el protagonista era el vínculo entre padre e hija.
Jim tomó a su pequeña del brazo y la acompañó hasta el altar mientras todo quedaba registrado en fotografías y video. La idea era que, cuando llegara su verdadera boda, pudiera volver a verlo caminando a su lado.
Al día siguiente, Josie le dijo a su mamá que había sido el mejor día de su vida. Y algún día, si decide casarse, tendrá guardado el momento en que su papá cumplió por adelantado una promesa que el tiempo amenazaba con quitarles 🥹
