Jonathan Dupré ya no tenía ni un día libre. Los había gastado todos, uno por uno, en hospitales y salas de espera junto a Naëlle, su hija de 5 años, diagnosticada con cáncer de riñón.

Primero fue una cirugía para extirparle un tumor de 13 centímetros. Después, 31 semanas de quimioterapia. Y como si fuera poco, una infección pulmonar que lo complicó todo un poco más. Jonathan, que vive en el norte de Francia y trabaja fabricando envases de cristal para perfumes, no quería soltarle la mano a su hija ni un solo día, pero ya no le quedaban permisos.

Su jefe conocía una ley francesa que permite donar días de descanso a un compañero con un hijo gravemente enfermo. Se lo propuso a la empresa, y sus colegas respondieron con algo que nadie esperaba: juntaron 350 días de sus propias vacaciones para dárselos. “Era muy importante que pudiéramos estar con la niña”, contó Jonathan. A veces la generosidad se mide en días.

