Cole Montsma estaba por empezar su turno en la obra cuando algo en el fondo del hoyo le llamó la atención.
Parecía solo un montón de tierra. Pero se movía. Al acercarse con sus compañeros, descubrieron que era una rana, casi enterrada por completo y demasiado débil para salir sola. Detuvieron el trabajo, la sacaron con las manos con mucho cuidado y notaron que la tierra seca la había dejado deshidratada. Le echaron agua encima y en segundos empezó a moverse con energía, como si hubiera vuelto a nacer.


La llevaron sobre un trozo de madera hasta el pasto más cercano para que terminara de recuperarse. Si alguna vez encuentras una rana en esa situación, mójate las manos antes de tocarla —su piel absorbe todo lo que toca—, nunca uses repelente ni protector solar cerca, rehidrátala con agua limpia y suéltala en un lugar con sombra y vegetación. A veces basta con detenerse un segundo a mirar dos veces.


