Nadie sabe su nombre. Nadie sabe cuántas noches lleva durmiendo solo en la calle. Lo único que se ve en el video es a este perrito acercándose a un juego mecánico de esos que suelen estar afuera de los supermercados, y quedándose ahí, recostado, dejando que el vaivén lo acaricie como si fuera una mano.
No hay dueño cerca. No hay nadie que lo llame por su nombre ni que le rasque detrás de las orejas. Así que buscó lo más parecido al calor humano que pudo encontrar: el roce constante de un juguete de fierro y plástico, inmóvil para cualquier niño, pero suficiente para él en ese momento.
A veces el afecto no llega de la forma que uno espera. Y este perrito, sin decir una palabra, nos recordó que ese impulso de sentirse querido no distingue entre humanos y animales — simplemente busca un lugar donde sentirse un poco menos solo.
