Carter tenía 8 años cuando las manchas empezaron a cubrir su cara.
En Arkansas, Estados Unidos, el diagnóstico llegó en 2014: vitíligo, una enfermedad autoinmune que le borraba el color de la piel alrededor de los ojos. Carter dejó de mirarse al espejo. Le dijo a su madre, Stephanie Adcock, que odiaba su propia cara. Se alejó de sus amigos y la tristeza se instaló en su rutina diaria.
Stephanie no se rindió y encontró en redes sociales a Rowdy, un labrador negro de Oregón que había recibido el mismo diagnóstico ese mismo año. Un desconocido, conmovido por la historia, donó 5.000 dólares para que madre e hijo viajaran a conocerlo. Cuando Carter por fin abrazó a Rowdy, entendió que no estaba solo. Volvió a clases sin esconder su rostro, y aunque el perro murió en 2017, Carter todavía le escribe mensajes en su perfil de Facebook cada año, como quien le agradece a un amigo que le devolvió la sonrisa.
