No se movió de ahí.


Encontraron al perro acurrucado en el fondo de una zanja llena de barro, temblando bajo la lluvia. Los rescatistas de The Dodo creen que alguna vez tuvo un hogar, porque no dejaba de mirar hacia el camino, como si esperara reconocer el auto de quien lo dejó ahí. Nadie volvió. Solo el barro, el agua y ese instinto imposible de apagar: la fe en que alguien regresaría.
Cuando por fin lo sacaron de la zanja estaba agotado, pero no dejó de acercarse a cada persona que se le cruzaba, como si aún tuviera ganas de confiar. Esa mezcla de miedo y ternura fue justo lo que conmovió a quienes lo conocieron. Nadie volvió a buscarlo en esa carretera, pero alguien más sí lo hizo después: alguien dispuesto a darle el hogar que había perdido.
