Major no tuvo tiempo de entender qué pasaba.
El 31 de marzo de 2025, una camioneta blanca lo atropelló mientras paseaba con su dueño, Shane Lilly, por una calle de Austin, Texas. Herido y asustado, el pastor belga malinois de 3 años mordió a la mujer que intentó subirlo a un auto para ayudarlo. Ese gesto lo cambió todo. La ciudad se lo llevó a un refugio para observarlo por posible rabia y después consiguió una orden de eutanasia, con el argumento de que representa un peligro para la seguridad pública.

Desde entonces han pasado más de 545 días. Major vive aislado en el Kennel 600, un área para perros con casos judiciales o en cuarentena. Lilly asegura que no es una mascota cualquiera: dice que Major es su perro de servicio y que lo ayuda con una lesión cerebral traumática y un trastorno convulsivo. Perdió una apelación en febrero de 2026 y en agosto la Corte Suprema de Texas se negó a revivir el caso. Sus nuevos abogados demandaron a la ciudad por violar la Ley de Estadounidenses con Discapacidades, y el juez federal David Alan Ezra bloqueó la eutanasia de forma temporal.


El 29 de septiembre, el juez declaró que en 10 días decidirá si ordena una evaluación independiente para saber si Major puede ser rehabilitado y liberado sin riesgo. Dijo también que no ve villanos, solo personas que intentan hacer lo correcto. Una petición para salvarlo ya supera las 54,000 firmas. ¿Se puede castigar con la muerte a un perro por morder mientras estaba herido y con dolor, o la seguridad pública está primero?
