Eldar tenía 15 años cuando su padre lo invitó a sentarse en los controles de un Airbus A310.

Era la madrugada del 23 de marzo de 1994 y el vuelo 593 de Aeroflot cruzaba Siberia con 63 pasajeros y 12 tripulantes rumbo a Hong Kong. El capitán Yaroslav Kudrinsky, piloto de relevo, rompió el protocolo y dejó entrar a sus dos hijos a la cabina. Nadie imaginó que el peso de las manos del adolescente sobre el volante bastaría para desconectar parcialmente el piloto automático, sin que ningún instrumento lo advirtiera.

El avión comenzó a inclinarse hacia la derecha, cada vez más, hasta caer en un descenso brusco. Los pilotos recuperaron el control por unos segundos, pero la corrección fue excesiva: el Airbus entró en pérdida y giró sobre sí mismo sin remedio. A la 1:58 de la madrugada se estrelló contra las montañas Kuznetsk Alatau. Murieron las 75 personas a bordo.

Aeroflot negó primero que hubiera niños en la cabina. La grabadora de voz reveló después toda la verdad.

