Un policía le prometió a esta mujer que almorzarían juntos tras desactivar la bomba en su cuello, pero ella murió y él falleció horas después

Por Maried Díaz
3 August, 2026

Ana Elvia Cortés tenía 53 años, vivía del ordeño de seis vacas y del maíz que sembraba junto a su esposo en la vereda Palestina, Boyacá. El 15 de mayo de 2000, cuatro hombres encapuchados entraron a su casa de madrugada, envenenaron al perro y le ajustaron al cuello un artefacto hecho con tubos de PVC y explosivos. Pedían 7.500 dólares para no detonarlo.

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El subintendente Jairo Hernando López, de 28 años, intentó desactivarlo durante horas al borde de la carretera Circunvalar de Chiquinquirá. Le hablaba con calma, le decía que pronto terminaría todo y que después almorzarían juntos. Ella solo podía esperar, aterrada, mientras medio país seguía la escena por radio y televisión.

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A las 12:30 del mediodía la bomba explotó. Ana Elvia murió en el acto. López falleció horas después camino al Hospital Militar de Bogotá. La Fiscalía terminó deteniendo a José Miguel Suárez, su propio vecino, condenado a 32 años de prisión. Una mujer humilde pagó con su vida la codicia de alguien que la veía todos los días.

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