Matthew Luckhurst patrullaba en bicicleta las calles de San Antonio cuando decidió gastarle una broma cruel a un hombre en situación de calle.

En mayo de 2016 colocó heces de perro dentro de un sándwich y lo dejó junto a un hombre que dormía y que recibía comida de una organización local. El jefe de policía William McManus calificó el hecho como vil y repugnante, y Luckhurst fue despedido. Meses después, otra investigación interna reveló un episodio similar en el baño de mujeres de una subestación policial: heces sin descargar y restos untados en el asiento y la pared, hallazgo que enfermó a una oficial embarazada.

Luckhurst apeló ambos despidos. Ganó el primero en 2019 por un tecnicismo de plazos, aunque el segundo se mantuvo firme. En 2022 fue despedido de otro departamento en Floresville tras que los vecinos se enteraran de su historial. Aun así, el pequeño pueblo de Benavides, Texas, lo nombró jefe de policía el 1 de junio, y la secretaria municipal colgó el teléfono varias veces cuando periodistas intentaron confirmar los detalles.

