Dauda Kavuma no tenía nada cuando empezó.
Ni salón, ni dinero, ni un plan armado. Solo una promesa que se hizo de joven, en Kampala, Uganda, cuando un extraño pagó su educación sin pedirle nada a cambio. Él juró devolver ese gesto algún día. Y lo cumplió recogiendo niños de la calle en el barrio de Katwe, dándoles techo, comida y estudio. Lo que no planeó fue lo que pasó después: esos niños bailaban descalzos entre el polvo, con un talento que parecía imposible de contener. Kavuma no los frenó. Los dejó bailar.

Un video casero de esas coreografías callejeras se esparció por el mundo entero hasta llegar a los ojos de Shakira. Ella no se quedó mirando: los invitó a bailar a su lado en la final del Mundial 2026. Frente a miles de millones de personas, junto a Madonna y BTS, esos mismos niños que el mundo había ignorado brillaron en el escenario más grande del planeta.

Todo empezó porque un maestro decidió ver algo donde nadie más miraba.