
Ida Nelson salía de un baño de vapor cuando escuchó el avión sobrevolar Igiugig.
Era la noche del 28 de agosto de 2020, en un pueblo de apenas 70 personas en el suroeste de Alaska. Un niño necesitaba ser evacuado de urgencia a Anchorage y LifeMed Alaska ya había enviado un avión desde Kodiak. Pero cuando Nelson miró hacia la pista, entendió el problema: las luces estaban apagadas, dañadas desde meses atrás.
Sin ellas, el piloto no podía aterrizar de noche. Nelson subió a su cuatrimoto y corrió hacia el aeropuerto mientras una vecina hacía 32 llamadas para despertar a casi todo el pueblo. Pasadas las 11 de la noche, la gente salió en pijama, subió a sus autos, camionetas y cuatrimotos, y los alineó a lo largo de la pista con las luces encendidas. Mientras el avión daba vueltas en el aire, los vecinos coordinaron por radio con el piloto hasta que la luz improvisada le bastó para bajar. El niño subió a bordo y despegó rumbo a Anchorage.

Gracias al rápido despliegue de la comunidad, el niño llegó a tiempo al hospital, recibió la atención médica que necesitaba y logró recuperarse por completo. Por su liderazgo durante la emergencia, Ida Nelson fue reconocida posteriormente con el premio Real Hero Award de la Cruz Roja de Alaska.
