En mayo de 2024, los habitantes del distrito de Phayuha Khiri, en la provincia tailandesa de Nakhon Sawan, sacaron en procesión una jaula decorada con guirnaldas amarillas. Dentro, un peluche de Doraemon. Nadie lo roció con agua por crueldad: es que ese es exactamente el ritual.

El ‘Hae Nang Meaw’ —la procesión de la gata— es una tradición de siglos en Tailandia. La práctica consiste en pasear un gato enjaulado por el pueblo mientras los vecinos lo empapan con agua; se cree que los maullidos del felino mojado convocan la lluvia. Pero los organizadores, después de meses sin precipitaciones y temperaturas que rozaban los 41°C, tomaron una decisión compasiva: en lugar de someter a un animal real al ritual, usaron el peluche del gato robótico más famoso del anime japonés. La razón fue simple y directa: no encontraron un muñeco de gato más realista y no quisieron maltratar a ningún animal.

Lo que nadie esperaba es que funcionara. Tras la procesión, llovió. No es la primera vez: en ocasiones anteriores en que Doraemon participó en el ritual, las lluvias también llegaron. El personaje ya tiene hasta un santuario dedicado en Bangkok donde los tailandeses acuden a pedir fortuna. La tradición milenaria encontró, al parecer, a su gato perfecto.

